Con motivo del festival Palma Fantástica, se ha convocado un concurso literario en Instagram de micro relatos. Las reglas son sencillas: extensión de 250 palabras y mención de dos criaturas fantásticas.

He aquí mi aportación:

—¿Crees que este ritual es seguro?
—¿Que estemos a cierta distancia no te da alguna pista?
—Mira al jefe, ahí, con tanta parafernalia. Es un elfo bastante estirado, ¿no? ¿Ese tocado es necesario?
—Ni lo sé, ni me importa. Hoy es mi último día. En cuanto se termine esta pantomima me largo a mi granjita a disfrutar de los nietos.
—¿Cuántos tienes ya?
—Con el último perdí la cuenta, creo que se acercaban a la treintena.
—Las reuniones familiares serán divertidas.
—No. No lo son.
—Uf. Como grita.
—Se quedará pronto sin voz. Los sacrificios ya no son lo que eran, antes pegaban unos hermosos berridos, melodiosos, potentes… ¡Hala! Ya se ha desmayado y solo le ha partido el esternón. Antaño aguantaban hasta ver su propio corazón palpitante…
—El portal se está abriendo. Me hubiera gustado que fuera de colores más alegres, tanta oscuridad llega a cansar.
—Ese rugido no ha sonado bien.
—¿Qué está invocando?
—Un demonio de la sima.
—¿Tienen tentáculos como esos?
—No. Son rojos, escamosos, con pinchos y garras por todos sitios. Como alfileteros escarlata gigantes.
—Esos acólitos parecen tomates chafados. ¿Con qué dimensión intentaba contactar el jefe?
—Ni lo sé…
—¡Ya, ya! Ni te importa. El bicho que ha cruzado a este lado está haciendo una buena escabechina ahí abajo. ¿Qué hacemos?
—¿Te lo preguntas? Pues salir de aquí raudos y veloces. Mira, dejo aquí mismo la espada y doy por finalizado mi servicio.
—Oye, ¿no necesitarás una jornalera en tu granja? Aprendo rápido.


La ilustración que acompaña al relato es propia.

Nota del 24 de agosto: como me gustó la experiencia, decidí convertir en una serie de microrelatos las aventuras de la guardiana a la que he tenido a bien llamar Luminaria.