—Parece pequeña.
—¡Oh, no, no! Es una mina acogedora. Coqueta. Familiar. Ampliable. Tiene bastante montaña para excavar si quiere.
—¿Hay alguna veta de oro, diamante…?
—No. Bronce, algo de hierro y carbón, mucho carbón. Los diamantes son carbón procesado por la naturaleza. ¿Por qué conformarse con un subproducto fruto del azar?
—Pues no entiendo el precio tan elevado…
—¡Es una duda razonable! Es usted muy despierta, señora. La mina, además de tener un potencial enorme, está en una zona excelente: bien comunicada con varios reinos, gran cantidad de asentamientos cercanos que asaltar, pero, al mismo tiempo, muy discreta. Es una guarida fantástica. Con la entrada encarada al sur tendrá abundante luz natural. ¿Y la pradera que se extiende ante ella? Ideal para contiendas, arengas y guateques. En verano, además, sopla un ominoso viento helado del norte, ¡como si fuera invierno!
—No sé…
—¿Qué es lo que no le convence, señora Luminaria?
—Esas telarañas, son escalofriantes… ¿hay arañas gigantes, verdad?
—¿Qué buena gruta que se precie no las tiene? Deje sus prejuicios a un lado, son los nuevos gatos. ¡Las brujas que están en la onda las prefieren!
—Mmm…
—¿Una firmita? No se arrepentirá. Confíe en mí.
—¡Venga, va! Me la quedo.
—¡Magnífico!¡MuahaHAHAHA!
—¿A qué viene esa risa malvada?
—¿Risa malvada? Discúlpeme, señora, por sufrir una condición diagnosticada, ¿eh?
—¡Ay, lo siento! Creí que…
—No pasa nada… ¡MUAHAHAHA! Suele ocurrir… ¡HAHAHA! Sígame. Un pinchacito en la yemita y… el dedito aquí, aquí y aquí. ¡Felicidades! Es usted… propietaria. ¡HAHAHA!