De H.P. Lovecraft

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Aviso: esta reseña puede contener trazas de destripes. Si eres alérgico a los mismos, no te recomendamos su lectura.

Siguiendo con el estudio del terror, decidí analizar -superficialmente, claro está- otra de las famosas obras de H.P. Lovecraft: En las montañas de la locura. La edición elegida también contaba con otros relatos breves que me irían de maravilla para ver otras facetas del escritor.

En las montañas de la locura

En las montañas de la locura se nos narra el descubrimiento de las ruinas de una antiquísima ciudad en un macizo montañoso en la Antártida. El relato sigue la misma fórmula que otros relatos de Lovecraft: el protagonista es simplemente un vehículo con el cual viajamos a los oscuros rincones que el autor quiere que visitemos. En esta ocasión, el destino es una ciudad con millones de años de antigüedad que perdura entre los hielos eternos de la Antártida.

El relato empieza de forma lenta, describiendo cómo se organiza una expedición de exploración siguiendo los pasos de los grandes exploradores de la época; cómo la llegan a la costa, montan un campamento base y se internan en grupos en las estepas heladas e ignotas del continente antártico.

El punto de giro ocurre cuando el primer grupo de exploradores deja de dar señales de vida tras emitir unos extraños informes sobre un aterrador descubrimiento. Y aquí, tras la pérdida de las comunicaciones, empieza la gran aventura en la que nos veremos inmersos a través de nuestro avatar. No recuerdo su nombre, no importa, Lovecraft no quiere que me acuerde. Lo importante es lo que con su tétrica escritura cargada de descripciones y alguna eventual escena de acción consigue transmitir.

Las descripciones son vívidas y gracias a los conocimientos del narrador, que le permiten interpretar los grabados que encuentra en la ciudad, nos sumerge en una mitología profunda que nos transporta a una época primigenia coherente y verosímil en la que la humanidad no existía ni se la esperaba.

La idea de leer este relato era averiguar dónde están los mecanismos que generan en los relatos de Lovecraft tal fascinación y se los etiqueta como de horror cósmico en lugar de aventuras. Este En las montañas de la locura es un ejemplo de ello: los monstruosos parajes, junto a la densa ambientación, consiguen permear hasta el punto de incomodar al lector, por describirlo de alguna manera. La exploración de la ciudad olvidada es un amplio tramo del relato tan genial, inmersivo y acongojante que eclipsa y remarca aún el escaso interés que despertó en mí la primera parte de la historia y dejó el listón tan alto que los dos relatos que completan el libro me supieron a poco…

La casa maldita

Con este sencillo título, Lovecraft se interna en el género del terror clásico ya incluso en su época: las casas embrujadas.

Tuve que dejar de leer durante varios días para poder rebajar la expectativa tras la gran lectura que fue En las montañas de la locura. Y aún así nos encontramos con un relato que, aún teniendo los mismos elementos que el anterior, deja un poco de decepción.

La narración nos lleva a una casa en la que ocurren de forma recurrente sucesos inquietantes, siendo el caer en la locura lo mejor que les puede pasar a sus habitantes. El tema clásico me venía como anillo al dedo, quería saber como Lovecraft enfocaba el embrujar una casa y sale bien parado, ya que de alguna forma consigue conectarlo con su cosmología. Es muy similar a El color del espacio exterior en cuanto a la fuente del mal, pero el como se resuelve el conflicto es muy distinto. Aquí el protagonista, lejos de encogerse e irse a otro lado deseando no saber lo descubierto, toma medidas.

El relato desde mi punto de vista es refrescante, precisamente por el desarrollo del último tramo, alejándose de sus propias estructuras recurrentes.

Los sueños de la casa de la bruja

En mi opinión, la edición que decidí analizar debería haber empezado por este relato, continuar con La casa maldita y terminar con En las montañas de la locura para concluir la antología con una explosión. Pero, por desgracia, los editores de este volumen decidieron hacerlo al revés. Sus motivos tendrían.

Los sueños de la casa de la bruja es el relato que menos interés ha despertado en mí y no por estar mal escrito. Sin embargo, creo que aquí el escritor se equivocó. Abandonando la primera persona nos presenta un relato de corte tétrico y muy introspectivo en el que se centra en los sueños y pesadillas de un joven estudiante universitario, pero que no termina de encajar con el estilo narrativo elegido. En mi opinión era necesario, más que nunca, que el protagonista tuviera una voz y una historia, poder profundizar en él, en sus circunstancias, ya que lejos de ser un testigo como en La llamada de Cthulhu o un cronista, como en En las montañas de la locura, en Los sueños de la casa de la bruja es una víctima a la que un par de criaturas del averno torturan noche tras noche trastocando su psique hasta extremos indecibles.

Aparecen menciones a criaturas de la cosmología lovecraftiana, pero ni con esas ha conseguido mantener mi interés. El motivo, es que por mucho que quisiera, no me importaba lo que le ocurriera al protagonista. Al contrario de lo que sucede en, por ejemplo, El color que cayó del cielo, con las misteriosas y perturbadoras vivencias de la familia de granjeros, víctima de las aguas contaminadas del pozo, no consigue despertar ni un gramo de tensión o intriga. Ojo, no afirmo que Los sueños de la casa de la bruja sea un mal relato. Tan solo destaco que no he podido conectar con él.

¿Qué he aprendido?

Con En las montañas de la locura y otros relatos y La llamada de Cthulhu, Lovecraft nos enseña que no es necesario tener a un protagonista definido ni atractivo. La narración en primera persona, junto a un titánico trabajo descriptivo y ambiental, son más que suficientes para generar resquemor y remover las entrañas del lector. Lovecraft sobrecarga la narración para agobiar al lector y convierte en personajes memorables a sus criaturas, protagonistas indiscutibles de sus relatos, ya que los narradores pasan a ser meros espectadores de sus propias historias. Tal vez debido precisamente a eso, Lovecraft y sus famosos mitos sean huéspedes fijos de las librerías desde hace tanto tiempo.