Última lectura

Aviso: esta reseña puede contener trazas de destripes. Si eres alérgico a los mismos, no te recomendamos su lectura.

No importa ser muy avispado para darse cuenta de que algo ha ocurrido entre la última entrada y este. Y es… que el proyecto de analizar la narrativa de Los Anillos de Poder se canceló. La idea inicial, ir desmenuzando la forma en la que la historia y los personajes se desarrollan en la serie a medida que se suceden los capítulos para así aprender nosotros con ella, se ha encontrado con un obstáculo insalvable: la realidad.

Y la realidad de Los Anillos de Poder es que está muy mal escrita. Repito: está muy mal escrita. No comentaré nada de la interpretación de los actores, la escenografía, la fotografía, el montaje o los efectos especiales. Para eso hay otros sitios a un clic de distancia.

No voy a entrar en demasiado detalle, pues no vale la pena el esfuerzo: después de ver el tercer episodio, entendí que la narrativa de la serie está atrapada en uno de los sótanos más oscuros nunca antes construidos, encadenada a la pared alicatada de blanco, esperando la más cruel de las muertes. La decepción inicial, pues tenía genuino interés en la serie, se fue agrandando capítulo a capítulo, haciendo que perdiera el interés en estos análisis (no vale la pena el tiempo y esfuerzo, no se lo merece) hasta llegar al estallido final del último capítulo que resultó en un no me puedo creer lo que acabo de ver, pero en plan mal. Y como no quería dejar esta serie de artículos sin una conclusión, haremos un análisis rápido y superficial a su narrativa.

El resumen de la historia de esta primera temporada se resume en las siguientes tramas:

  • Galadriel, una elfa guerrera, empecinada en perseguir a su enemigo mortal, Sauron, desprecia el regalo que su pueblo le otorga y regresa a la Tierra Media nadando, siendo rescatada junto a un humano, Halbrand, de entre los restos de un naufragio, por un barco de Númenor, un reino isleño humano. Convence a la reina de la isla para que envíe tropas a combatir a un enemigo del que no ha encontrado nada más que leves indicios a los que nadie más hace caso. Un pequeño ejército parte hacia las Tierras del Sur donde llegan a un poblado que está siendo atacado por los orcos. A pesar de derrotar a los invasores, estos activan un mecanismo que provoca la erupción de un volcán que llena de ceniza los alrededores. Además, en el combate, Halbrand es herido, por lo que ambos parten a caballo a la ciudad élfica para sanar sus heridas. En la ciudad élfica, Halbrand conoce a Celebrimbor y ambos, bajo la mirada de Galadriel, forjan tres anillos mágicos. Galadriel descubre que Halbrand es Sauron. Y… le deja escapar sin oposición.
  • Arondir, un guarda élfico desplegado en las lejanas Tierras del Sur, vive enamorado de Bronwyn, una curandera local. Juntos descubren que un poblado vecino ha sido arrasado por una desconocida amenaza. Se separan. Arondir explora unos túneles y es apresado, descubre que su guarnición es prisionera de los orcos. Los elfos se rebelan y son ejecutados a excepción de Arondir, que es convenientemente liberado para que lleve un mensaje a los humanos de los pueblos cercanos. El elfo se cruza con Bronwyn y Theo, su hijo, y los tres escapan de los orcos que perseguían a la mujer y al adolescente. Por fortuna, Bronwyn había conseguido evacuar el poblado y los había llevado a la fortaleza donde estaban las tropas elfas que anteriormente habían sido apresadas durante la retirada. Los orcos atacan la fortaleza, pero Arondir destruye la torre principal provocando grandes bajas entre sus enemigos y se retiran, de nuevo, a un poblado, entendemos que el mismo del que habían escapado, donde luchan a duras contra los orcos y finalmente son salvados por la caballería de los isleños de Númenor. Sin embargo, a pesar de la victoria, hieren a Bronwyn y los invasores activan el volcán cercano que cubre todo de cenizas. Las tropas de Númenor se retiran, de regreso a su hogar.
  • Los elfos descubren que su luz se está apagando, y si ella lo hace, ellos, como especie, perecerán y planean abandonar la Tierra Media para regresar a su tierra natal. Pero a Elrond, un diplomático o embajador élfico tiene la idea de pedir ayuda a los enanos. Viaja hasta Kharaz-dhum para hablar con su amigo Durin. Tras un breve roce personal, consiguen armar una colaboración entre ambas especies. Elrond, además, descubre que los enanos han encontrado mithril, un metal mágico capaz de canalizar y/o acumular la luz de formas nunca antes vistas. Pero lo mantiene en secreto hasta que su rey Gil-Galad le revela que hay una corrupción que lo invade todo que terminará por matarles antes. Se descubre que el mithril disipa la corrupción y tratan de negociar con los enanos para que les provean de mithril para crear un artefacto que pueda salvarles. Los enanos se niegan, pero aceptan darles… pero no. Elrond ofrece a Celebrimbor el mithril que Durin le dio como muestra de amistad. Entre Galadriel, Elrond y Celebrimbor deciden forjar tres anillos con ese material, pero no consiguen trabajar el metal hasta que Halbrand le sugiere que lo mezcle para crear una aleación sin que pierda las propiedades originales. Finalmente, consiguen crear tres anillos.
  • Nori es una Pelosa, que vive su aburrida vida de hobbit nómada junto a su familia hasta que un día cae un meteorito y en el cráter encuentra a un humano. Lo adopta como si fuera un perrillo. La tribu coge los carros y se van a otro sitio. Aparecen tres brujas que parecen seguirles. Llegan a su destino, las brujas intentan llevarse al hombre del meteorito pero los hobbits lo evitan y el desconocido resulta tener el poder suficiente para derrotar a las tres mujeres.

No importa añadir que este es un resumen que sintetiza lo esencial de las tramas que se desarrollan en los diez capítulos llegando a sumar más de diez horas de programa.

Uno de los problemas que se le puede achacar es que hay una cantidad absurda de personajes que hacen acto de presencia pero que no aportan nada a la trama, que, como si de relleno humano se tratara, ocupan tiempo en pantalla sin aportar ni influir en la trama. Esta saturación genera que los personajes principales estén desdibujados, agravado por el hecho de su mala escritura e inconsistencia siendo la cabeza de lista Galadriel como el personaje protagonista peor escrito, sin entrar en su repulsiva personalidad, en un capítulo te dice una cosa como en el siguiente te dice la contraria. El problema no es que un personaje se contradiga (nos podemos equivocar, cambiar de opinión o ser convencidos), es cuando no se hace de forma consciente: no puedes un día, después de siglos de dedicarte a cazar orcos, amenazar con un genocidio a tu enemigo, para al día siguiente impedir dolor o muerte a dicho enemigo alegando que «nosotros no somos así».

Las inconsistencias narrativas no se limitan a los personajes, las culturas mostradas también tienen problemas en su construcción: los pelosos se ponen a cantar que todos son uno, que no se deja a nadie atrás, que nadie se separa del camino, para pasar a recordar a los que se dejaron atrás, para continuar abandonando a la familia de Nori, relegada al último sitio de la caravana, teniendo a un hobbit herido, para después terminar en un ridículo sacrificio para salvar al desconocido tras ser expulsado del clan. ¿Qué nos quieren contar con estos cambios? Ni idea, pero la sensación de que los Pelosos son un clan de seres horribles que merecen ser devorados por huargos no desaparece aún tras un par de semanas tras la finalización de la serie.

Hay un nada sutil intento de humanizar a los orcos, con Adar y sus hijos. No funciona, es imposible: el espectador solo ve bichos feos que se dedican a hacer cosas inherentemente malvadas, como deforestar un bosque, hacer esclavos y masacrar aldeas. En dos escenas intentan reivindicar su lugar en la Tierra Media. ¿Podría haber sido una trama interesante y novedosa? Podría haberlo sido, convertir el clásico maniqueísmo del bien contra el mal en un choque de grises. Los orcos, desahuciados por los dioses, buscan un hogar y luchan contra las demás especies que los ven como hostiles aunque la influencia del señor oscuro haya desaparecido. Hubiera estado bien convertir a Galadriel en la villana extremista que es la serie, que engaña a los elfos y humanos para que destruyan a los inocentes orcos. Pero… lo que tenemos ni es chicha ni limoná

Resulta, por otro lado, demasiado evidente la armadura que el guion ofrece a ciertos personajes, como a Arondir. El pobre elfo ve como matan a toda su guarnición o masacran al pueblo de los humanos pero a él lo intentan matar constantemente a empujones y suele ser salvado en el último instante por el deus ex de rigor.

No queremos seguir extendiéndonos, así que no vamos a dejar aquí este punto.

¿Y el desarrollo emocional? A lo mejor por ahí se salva… En un vistazo a los personajes, su desarrollo y relaciones, descubrimos que la escritura es tan nefasta que no consigue un vínculo con el espectador en ningún momento. Todo es frío, distante, sin alma, sin carisma, emocionalmente inerte. No es una decisión estilística, no nos encontramos ante personajes de carácter introspectivos, silenciosos, al contrario, se pasan la vida hablando pero muchos de los diálogos son pretenciosamente recargados, más cercanos a una obra teatral shakespeariana que a un libreto de aventuras fantásticas clásicas, que contrastan con conversaciones infantiles -pretendidamente jocosas u humorísticas-, abrumadoramente carentes de inspiración, llegando al punto de la vergüenza ajena.

La mala construcción de los personajes y el intento de darle a todo una solemnidad y seriedad ridícula, hace que las escasas gotas de humor, muchas de ellas gracias a los enanos, resulten forzadas, anticlimáticas y carentes de toda gracia. Otros momentos extraños son los intentos de vamos a hacer que este personaje mole. No es buena idea hacerlo con uno como Galadriel: en lugar de conseguir acercarte al personaje, de que te guste a pesar de sus claroscuros, te aleja: es repulsivo, una villana venida a protagonista con motivaciones débiles y actitud infantil, que los creadores de la serie intentan hacer que te guste a cualquier precio y no, no funciona. A otro pato con ese engrudo.

¿Galadriel es la villana?

Efectivamente, y de las malas (sí, hay buenos villanos): se pasa toda la serie dando la turra con lo malvado que es Sauron, con que no va a dejar piedra sobre piedra con tal de vengar a su hermano, engatusa a una nación pacifica para que le proporcionen un ejercito y un medio para llegar a la Tierra Media, se juega las vidas de centenares de personas, reafirma su condición de genocida ante sus enemigos para finalmente dejarse seducir por Sauron, el objetivo de su venganza, y dejarlo escapar sin levantar la voz de la capital élfica al que lo llevó ella misma.

Es, a mí modo de ver, la auténtica villana de la serie, pero ni siquiera los escritores se han dado cuenta. Es como los Vengadores del UCM: genera más problemas de los que arregla, mata a más gente de forma indirecta de la que salva directamente, no es ella la que paga las consecuencias de sus actos, carece de la capacidad de hacer autocrítica y, para rematar la faena, tiene la desfachatez de creerse mejor que los demás. Aparenta una cosa, engañando a todos cuantos la rodean, para ir desarrollando su maléfico plan de arrastrar al caos el mundo al que odia. En serio, no es de fiar.

Este distanciamiento entre los personajes, la obra y el espectador consigue que nada de lo que ocurra importe, que las supuestas grandes revelaciones sean totalmente intrascendentes.

Otro gran problema que tiene la serie es la gestión de los tiempos, los espacios y las distancias. O la Tierra Media de esta serie tiene una extensión más bien limitada o los caballos son muy rápidos y las medidas de distancia no funcionan como en el mundo real como se puede ver en el último episodio donde Galadriel y Halbrand recorren miles de kilómetros a caballo en unos pocos días, o ver a Elrond, que para abrir el apetito antes de cenar, da un paseo y saluda a su amigo Durin, mientras los barcos de Númenor no cortan el mar si no vuelan, además de ser mágicos como sus campamentos, limpios, prístinos y ufanos tras una batalla, como si de Tardis medievales se trataran, más grandes por dentro que por fuera, y no hay erupción volcánica que pueda con los escuadrones de limpieza numenoreános. La sorprendentemente velocidad con la que se desplazan los pelosos por los páramos dejan a Frodo y Sam como unos novatos del senderismo, mientras que los elfos ayudados por los enanos construyen tan rápido que convierten el mirar las obras en un espectáculo en el que al parpadear te pierdes como levantan cinco pisos. Esto no sería un problema si todo esto no ocurriera en el mismo momento. Podríamos entender, si la serie se molestara en explicarlo, los tempos en los que ocurren las situaciones que nos presentan, incluso podríamos creer que ocurren en distintos momentos, pero tal y como está contado no hay sensación de paso del tiempo generando confusión y sorpresa («¡Anda, ya han llegado a XXX, que rápidos son!») pero de la mala.

El último aspecto negativo a destacar en la narrativa es la aparición y desaparición de las tramas dependiendo del capítulo: en este capítulo te mostramos qué hace el personaje A, pero no te encariñes, no lo volverás a ver hasta dentro de una hora (o más) de serie, porque tenemos que contarte lo que hace el personaje B… ¿como? ¿no te acuerdas de B? ¡¿Cómo es eso posible?! ¡Si salió hace solo dos episodios! Esto es algo habitual en la literatura: se dedican 20 páginas seguidas a una trama y personajes, para, en el capítulo siguiente, hacer lo propio con otra parte de la historia y del reparto. Esto no es factible en una narración audiovisual, salvo que esté muy bien estructurada o la propia narración lo exija: no es el caso, hay tramas que podrían haberse suprimido, fusionado o condensado en favor de otras más interesantes. Además, los medios no son los mismos, pues la literatura no cuenta con las limitaciones inherentes al cine y/o televisión: el tiempo y el presupuesto. Podemos escribir mil páginas de una historia. Dos mil. Un millón. El límite lo impone el escritor, sus deseos y voluntad. Por tanto, en una película o serie es necesario centrar el foco en una o varias tramas en base a su tiempo en pantalla: un espectacular plano de situación de diez segundos mostrando una ciudad es costoso de hacer y consume un tiempo precioso, que al multiplicarlos por cada cambio de escenario y nueva locación resta tiempo de desarrollo a las tramas y personajes.

No voy a incidir en que es una serie de fantasía en la que hablan más que actúan y muchas cosas ocurren fuera de pantalla o en segundo plano. Hay ¿tres? momentos de acción en una historia de diez horas y todas son bastante… desangeladas. Dejémoslo así y aquí.

¿Cuáles son las causas de este desaguisado?

Sinceramente, no las conozco. Y tampoco me importan. Me es indiferente el contexto, las polémicas, injerencias y legalidades que hayan podido perjudicar la escritura de la serie. Un diálogo, si se trabaja, será bueno sin importar la vorágine que rodee su escritura.

¿Tal vez esté limitada por el material del que depende? Sin saber qué es lo que Amazon ha comprado, pero sabiendo que han escrito, reescrito e inventado como les ha venido en gana, lo publicado refleja una falta de imaginación brutal, junto a una dejadez y desgana preocupante.

A tenor del insípido final de los Anillos del Poder he revisitado la primera temporada de American Gods, cuyo primer visionado me dejó un poco frío: no conseguí empatizar con Shadow Moon, el protagonista. Me pareció un protagonista soso, manipulable en exceso y sin voluntad. Pero ¡oh, dios mío! Cúan equivocado estaba: Shadow Moon es un dechado de carisma y personalidad. Por contraste, claramente, pero vi cosas que no supe apreciar la primera vez. Entendí mejor sus sutilezas y por tanto disfruté mucho más de la serie. Sin mencionar el fantástico montaje, la personalidad que desprende cada plano, los personajes secundarios, ¡todos ellos!, escritos con una profundidad sorprendente.

No contento con ello, echaba en falta algo más simple, más directo. Revisé Reacher. Mucho más sencilla a todos los niveles, muy convencional en su propuesta, consigue ser muy disfrutable con un reparto limitado pero que consigue que cada personaje se sienta único. Desde el propio Jack Reacher, esa mole de músculos, sutil y educado, en un momento, tremendamente violento y despiadado con quien corresponde, en otro. Es, esencialmente, un western clásico en las que el protagonista llega a un pueblo para darle una sacudida y dejarlo mejor de lo que lo encontró.

Estas dos series, desde mi punto de vista y dentro de su género, funcionan a nivel narrativo. Pero Los Anillos del Poder no lo hace… destaquemos que las tres series son de Amazon y están basadas en novelas. ¿Es una comparativa justa? Obviando los antecedentes, contexto, presupuesto y objetivos, sí, claro. Son productos audiovisuales que se basan en la escritura de un guion que puede ser mejor o peor, pero en el caso que nos ocupa se puede afirmar que el guion más flojo es el de la serie basada en los textos de Tolkien.

Ya si la comparáramos con otra famosa serie, esta vez de la competencia, cuya primera temporada es increíble, está basada en una saga de novelas, tiene dragones y un buen montón de personajes, no hay color, juega en otra liga, está en otra galaxia. Pero esa es otra batalla que no vamos a librar aquí.

Conclusiones

Ni todo lo que reluce es oro, ni el dinero todo lo puede cuando hablamos de arte, ni por mucho que hagamos cabriolas mentales podemos considerar lo que nos presenta Los Anillos del Poder como una narrativa decente, no escribo buena, escribo decente. Tiene un guion flojo e insípido regado de diálogos ridículos. Y teniendo en cuenta que no puede sacar pecho de espectáculo entretenido pero vacío y tonto, como pueden ser la saga Transformers o las Tortugas Ninja. No hay combates, ni emoción, espadas grandes o gigantes. Nada. Es aburrida, sosa, mal escrita, peor narrada, de interpretaciones desalmadas y caracterizaciones baratas -excepto los orcos-. Ved American Gods o Reacher de la propia Amazon, al menos no os aburriréis.

La comparación

Hasta aquí el análisis superficial de la serie, no vale la pena, desde mi punto de vista, añadir nada más.

Sin embargo, era inevitable caer en la comparación con la trilogía de Peter Jackon de los 2000, enfrentamiento que agrava y hace entendible la absurda polémica desatada en redes y de la que solo soy consciente: sé que existe, pero me importan un comino tanto los motivos de los detractores como de los promotores de la serie. De nuevo vamos a sacar los colores a la producción estrella de Amazon en unos escasos tres párrafos.

Estamos hablando de un producto basado en el mismo universo literario, con un presupuesto similar (aunque siendo justos con Amazon, se debería tener en cuenta la inflación por lo que es probable que la trilogía fuera más cara hoy que en su momento), y una duración comercial (ignoraremos las versiones extendidas de Jackson, porque si no… sería aún mayor la diferencia) similar, 10 horazas más o menos.

Jackson consigue resumir las 1000 páginas del Señor de los Anillos modificando lo que creyó necesario para que funcionara en el cine en una trilogía que es el cenit del cine fantástico a todos los niveles: guion consistente, actuaciones increíbles, caracterizaciones cuidadísimas, efectos especiales que 20 años después mantienen muy bien el tipo, ubicaciones mágicas, banda sonora espectacular, sin contar con las escenas, frases y personajes míticos que ha legado. El ritmo es brutal, siempre ocurre algo en pantalla que es importante para la trama y los personajes apenas tienen diálogos expositivos o si los hay son muy naturales. Pocas virtudes puedo destacar que no hayan sido expuestas ya mil veces por gente más sabia que el que escribe.

¿Hablaremos de Los Anillos del Poder dentro de 20 años como seguimos haciéndolo de la Trilogía del Señor de los Anillos? No lo creo, el impacto de estas películas se debe a la suma del talento, cariño, esfuerzo y dedicación de cientos de personas. Y eso, amigos de Amazon, lamentablemente, no hay dinero que lo pueda conseguir si no ponéis al mando a alguien tan apasionado, competente y contagiosamente entusiasta como Peter Jackson. Esto no es una opinión, es un hecho. A las películas me remito.