A la deriva

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Aviso: esta reseña puede contener trazas de destripes. Si eres alérgico a los mismos, no te recomendamos su lectura.

Como ya comenté en la reseña del primer episodio, me centraré en la parte narrativa de la serie de Amazon. No me interesa profundizar en sus supuestas diferencias respecto al relato de Tolkien. Entiendo que es una adaptación y que debe tener entidad propia.

Ya vimos que el primer episodio no era la mejor manera de establecer las bases de un mundo fantástico para los neófitos, así como la forma de introducir a los personajes y tramas no fue la más acertada, dejando mucho al conocimiento del espectador. Por supuesto ya entendimos que el producto no está dirigido a los fanáticos de Tolkien.

En el capitulo anterior…

Dejamos a Galadriel nadando en medio del océano tras renunciar al regalo del regreso a Valinor, su hogar ancestral.

Nori, la pelosa, descubría en el fondo del cráter de un meteorito un humano barbudo.

Por su lado, Bronwyn y Arondir descubrían que la aldea de Hordern había sido arrasada tras partir en busca del origen de una misteriosa enfermedad.

Elrond era convocado por su rey, Gil-Galad para que se encargue de dirigir un plan secreto.

Y finalmente, Theo, el hijo adolescente de Bronwyn, encuentra una espada mágica con el símbolo de Sauron.

A la deriva

Vamos a tratar cada hilo por separado, ya que constantemente la narración salta de un punto a otro de la Tierra Media, intentando complicarse de forma innecesaria.

Galadriel

Empieza el episodio nadando hacia la Tierra Media.

Se cruza, convenientemente, con un grupo de náufragos flotando en los restos desvencijados de un navío. Toda esta escena no cuenta nada bueno del personaje: Galadriel es aceptada a bordo por la intervención de una mujer a la que después la elfa dejaría morir en el ataque que sufre el grupo por un dragón marino. Todo un ejemplo de rectitud moral.

De nuevo, nos muestran ese racismo que comenté en el primer episodio: los humanos y los elfos, por algún motivo, están enemistados. Cuando descubren que Galadriel es elfa no se lo toman bien precisamente. Por desgracia de los náufragos, les ataca el dragón, como comenté en el párrafo anterior y, convenientemente, Galadriel cae o se tira al mar.

Debo reconocer que la escena del ataque es terrorífica, aunque breve, por la forma en la que está grabada, con el vaivén de las olas meciendo la cámara, mostrando y ocultando al dragón.

Al poco Galadriel es rescatada, convenientemente, por el único superviviente, Halbrand, y aún así, Galadriel a pesar de haberle salvado la vida se muestra esquiva y dada a la discusión fácil. Una actitud nada agradecida y constructiva dada la situación en la que están envueltos.

En una dura conversación con Halbrand este confiesa que su tierra fue destruida por los orcos. Al parecer, el hombre proviene de las tierras del sur.

Una tormenta les sorprende, Galadriel es salvada por Halbrand de morir ahogada.

Cuando la tormenta amaina, un barco les encuentra.

Desde mi punto de vista, este obstáculo en la historia de Galadriel es relleno: el objetivo de la elfa es matar a Sauron, pero toma la peor decisión y probablemente se verá envuelta en alguna aventura de relleno. Tal vez consiga algún aliado por el camino o ablande su carácter tan repulsivo y carente de empatía que muestra cada vez que abre la boca o mira a la persona con la que habla. No hay ningún interés en su historia y apenas se añaden detalles al trasfondo excepto que hay dragones marinos. Seguimos sin saber a qué viene tanto odio entre especies.

Por otra parte, creo que la protagonista no debería ser un sujeto tan pasivo a merced de las conveniencias del guión. ¿Qué hubiera pasado si hubiera nadado más rápido o con menos brío? ¿Qué hubiera pasado si Halbrand, tras la confusión del ataque del dragón, no hubiera remado en la dirección correcta? ¿Qué hubiera pasado si Halbrand no hubiera tenido la decencia de ir a rescatarla en mitad de una fuerte tormenta con el riesgo de no poder recuperar los restos del naufragio? ¿Por qué se la juega si momentos antes dice que hay que tomar decisiones para sobrevivir?

Los pelosos

Nori es descubierta por su amiga Amapola (en el primer resumen la llamé Poppy, su nombre en inglés, mis disculpas) que, a pesar de sus reticencias y tras el aterrador despertar del Extraño, decide cuidar de él. En el poblado los ancianos sopesan la idea de trasladar el campamento porque el jefe está viendo tenebrosos augurios.

Juntas se lo llevan y lo dejan en una cabañita, a cubierto. Por alguna razón, Nori se cree elegida o tocada por el destino porque el Extraño ha caído cerca del pueblo.

Nori alimenta al Extraño y trata de hacerse entender con él. Se deja claro que es un ser mágico o con poderes de alguna clase. La comunicación entre ambos es difícil. Nori es muy extrovertida y parlanchina, lo que ayuda a que el personaje sea agradable y podamos cogerle cariño. Probablemente sea el personaje mejor escrito y más consistente de los presentados.

Mientras el hombre traza símbolos en la tierra tratando comunicarse con la pelosa, en el poblado, el padre de Nori, Largo, tiene un accidente y se tuerce un tobillo.

Al volver al poblado, la pelosa se encuentra con que la tribu está a punto de iniciar la mudanza.

Intuyo que Nori y Amapola van a despedirse del Extraño que está mirando las estrellas, el hombre usa unas luciérnagas para marcar una constelación en el cielo. Nori entiende lo mismo yo: que busca unas estrellas concretas. Las luciérnagas mueren.

Desde mi punto de vista, tan solo sirve para ver que la magia tiene un precio y que no es una herramienta del bien. Aparte de ello, se enfoca en establecer una relación entre Nori y la pelosa con la clásica trama de la cuidadora. Posiblemente se desvele que el Extraño es un emisario/enviado/agente del enemigo y sea esta relación la que lo hace desertar.

Bronwyn y Arondir

En el este, la pareja explora las ruinas de Hordern, descubren grietas en el suelo y un socavón por el que el elfo se adentra. Bronwyn se dirige al pueblo a avisar a los suyos. Al llegar les advierte pero nadie la cree.

Arondir, por su parte, explora los túneles, una criatura le descubre y le persigue. En un momento dado, le capturan. Esta escena intenta transmitir tensión y agobio con espacios oscuros y muy estrechos. Pero es demasiado breve y el personaje tan poco expresivo que no consiguen su objetivo.

Bronwyn vuelve a su casa y la encuentra destrozada. Hay un túnel en el suelo de madera y su hijo está escondido en una alacena. Cuando el orco regresa, en un alarde de heroísmo, se oculta abandonando a su madre a su destino. Ella se esconde, pero como era de esperar el orco la descubre, pelean torpemente y entre los dos terminan matando a la malvada criatura.

La curandera regresa a la posada con la cabeza del orco como prueba de su advertencia. Entonces sí la escuchan y parten al amanecer.

Desde mi punto de vista, aquí se ignora la relación entre el elfo y la humana, cada uno parte por su lado. Esperaba que Bronwyn, una vez advertidos los suyos, regresara en busca de Arondir, pero parece que migra junto a su repulsivo hijo y se olvida del elfo. Este por su parte dice dos frases y se pierde bajo tierra. A ver qué es lo que atrapa al elfo y cómo escapa o sobrevive…

Los elfos

Viajamos a Eregion, la ciudad de los herreros élficos. El legendario herrero, Celebrimbor, explica al joven elfo, Elrond, el plan que han ideado junto a su rey: una herramienta tan poderosa que cambiará el destino del mundo, una forja como nunca antes se ha construido. Tienen prisa por terminarla, pero no tienen trabajadores suficientes para ello. A Elrond se le ocurre pedir ayuda a los enanos de Khazad-dum. En la peor transición y escena de viaje posible, como si estuvieran de paseo por el parque una tarde cualquiera, Elrond y Celebrimbor tocan a las puertas de los enanos.

Celebrimbor destaca la importancia de una alianza entre elfos y enanos. En ningún momento anterior nos han planteado tal escenario político hubiera estado bien saber que estas especies no están contentas la una con la otra.

Elrond invoca un rito enano y desafía a Durin a un duelo de romper piedras. Celebrimbor regresa a Eregion, mientras Elrond se interna en las profundidades de Khazad-dun.

Aquí vemos unos escenarios hermosos para ser una fortaleza enana. La caracterización de sus habitantes está muy bien lograda, aunque parecen bastante espigados en lugar de ser las criaturas casi tan altas como anchas. Sin embargo, los enanos se presentan como una raza orgullosa y ruda, amante de sus minas, siendo maestros canteros y artífices de maravillas subterráneas. Y al mismo tiempo parecen ser muy aficionados a la bebida. Es una visión muy clásica de esta especie.

Durin y Elrond inician el reto de partir rocas a martillazos. Tras un buen rato, Elrond cae agotado y se rinde. Cuando el mismo Durin va a expulsarle, consigue conversar con él y que el enano acepte que el elfo visite a su familia. Por lo visto, Durin está enfadado con Elrond porque llevaban sin tener contacto durante 20 años. El enano se casó y tuvo hijos. Ese mal gesto del elfo ofende profundamente a Durin. Elrond se disculpa ante él y pide pedir perdón a la mujer de Durin, Disa.

La reunión de Elrond y la pareja de enanos me gustó, ella desborda carisma, el enano interpreta el papel clásico de enano gruñón, y Elrond despliega sus dotes diplomáticas y de manipulación, toca las teclas adecuadas para que Durin acepte hablar con su padre, el rey, y hacerle llegar la propuesta de los elfos. Es una escena muy simpática y tierna aunque no por ello sorprendente, pero que representa bien sus personajes.

El padre de Durin se muestra, el rey desconfía de las intenciones de los elfos, pues no cree casual que aparezcan justo en ese momento. Ambos miran un cofre que lanza destellos plateados.

Desde mi punto de vista, más relleno: el duelo de partir rocas y la indignación personal de Durin son obstáculos absurdos ante un importante acuerdo diplomático entre dos naciones. Es disparatado que una rencilla personal termine perjudicando una relación internacional, como si Francia declarase la guerra a España porque el presidente español no felicitase al francés por su cumpleaños.

Sin embargo, es donde más carisma derrochan los personajes, Disa es genial y Elrond se destapa como un experto manipulador emocional. Durin es un tópico enano con patas.

Theo y la espada

El chaval descubre un orco bajo su casa. Por lo que se ve, los orcos están cavando túneles por la zona. Se esconde y cuando regresa su madre lo matan entre los dos.

En un momento de soledad, coge la espada y ve como de una de sus heridas brota sangre que el filo absorbe reconstruyendo parte de la hoja.

Desde mi punto de vista, me importa un rábano. Es un chaval insoportable, con suerte la espada devora su alma o algo.

En general…

…es un capítulo de transición. Continúan presentando personajes y desarrollando las tramas. En este episodio la historia que se beneficia más es la de Elrond, aun con lo ridícula que es, la presentación de Khazad-dun y los enanos es divertida. No hay, por tanto, demasiado avance en ningún de los hilos más allá de un escueto resumen de una línea.

Aparentemente nos quieren contar muchas cosas pero no se paran en ningún momento a profundizar en el contexto, o simplemente en lo que nos intentan narrar: todo se siente apresurado, breve; el ritmo anhela ser rápido, pero de momento no centra sus esfuerzos en las tramas principales: Galadriel, Nori y Arondir, dándoles vueltas o evitando directamente sus objetivos.

Esto es problemático pues con este episodio llevamos dos horas de programa. Hay películas con mejor desarrollo y ritmo que no duran tanto pero cuentan mucho más, terminando con una sensación de plenitud y completitud satisfactoria. Esto no es debido a que nos regalen planos de bellas ciudades o suntuosos interiores, o se recreen en los escenarios o en detalles superfluos pero que enriquecen la narración. Es todo bastante parco y en ocasiones incomprensible la carencia de narrativa visual que adolece la serie en la mayor parte del metraje. Es un relato fantástico que carece de personalidad y cuyos fotogramas son insulsos y carentes de encanto, pues lo interesante siempre llega al espectador mediante diálogos expositivos. Por no saber, no sabemos, por ejemplo, el nombre de la aldea de Bronwyn, pero sí conocemos a sus vecinos, Hordern. Es como si no supieran donde poner el foco.

Esta reseña está escrita a vuela pluma tras ver A la deriva tres veces y, sinceramente, espero que con el paso de los episodios retomen el rumbo deseado por el bien de la historia y para no agotar mi paciencia antes que la serie.